4 jul. 2016

Demonios Terrenales: Susurros en la acera

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VI
Susurros en la acera



El disparo provocado por Amanda Soler retumbó. Retumbó del mismo modo en que lo haría el último clavo al ser martillado y encajado en un ataúd, sellando la cavidad por completo. Un ataúd inmenso y de múltiples cadáveres en su interior, alojando no solo a niños, sino a familias enteras destruidas y alojadas al profundo averno de la locura. Desgarradas en cuerpo y alma, deseando ser sepultadas para olvidar así lo que alguna vez fue su trágica existencia. Docenas de familias y seres relacionados a ella. Todos, en un mismo ataúd. El ataúd de Guares.
La noticia del asesinato, a manos de Amanda Soler, recorrió Guares como si de una enfermedad se tratase. Como si fuese trasmitida de puerta en puerta por el mismísimo viento, al que no se le opone ningún ventanal o cerrojo,  y que, omnipresente, les hizo saber a todos, a cada pueblerino, lo sucedido aquella noche, en aquel hogar, en aquel pueblo; haciendo caer mandíbulas a su paso, creando gestos de incredulidad y cejas levantadas en cada persona recia a escuchar la historia.
Nadie en Guares podía creerlo.
Y con justa razón, pues a pesar de la ya advertida actitud paranoica de Amanda… ¿llegar a esos extremos? Una posesión del diablo parecía la más lógica explicación y, aun así, carecía por completo de realidad.
Amanda Soler fue encarcelada. Su vecina, Anabella Mendoza, murió en al acto.
El esposo de Anabella, Aarón Baroso, fue, para su desgracia, testigo ocular del desastroso desenlace que tuvo la escena del comedor. Escuchó el grito de su mujer, y no hizo falta pensar para advertir el tono histérico y terrorífico que acompañó su voz y quebrantó la noche. Su piel se erizó al instante, sus sentidos se alertaron, y antes de siquiera ordenárselos, sus pies corrieron a toda velocidad en dirección a su propia casa, únicamente para contemplar como la cabeza de mujer se abría en dos atravesada por una bala, bañando la casa – su casa – con sangre. La sangre de su mujer.
Después del disparo, Amanda Soler cayó en un estado catatónico, soltó el arma y no desvió la mirada de su víctima. Aarón, sin poder creerlo, yacía arrodillado  a un lado del cadáver casi decapitado de su mujer, con la sangre escurriéndosele entre los dedos. Las salpicaduras le habían llegado al rostro confiriéndole una imagen de payaso mal pintado. Amanda lo observó y por su mente asomó un absurdo pensamiento: “Une los puntos y descubre la imagen”, pensó al ver las gotas de sangre repartidas en la cara de su vecino. Irónicamente este fue su pensamiento más racional en un par de horas.
Aarón gritaba, lloraba, gemía y se revolcaba en su propio dolor, agachado en el suelo, olvidando que debía respirar. Haciendo acopio de razón, marcó el número de la ambulancia como si aún albergarse la mínima, la más remota posibilidad, de que su esposa pudiera salvarse. Luego, como si de repente recordara quien fue la culpable, marcó el número de la policía informando, entre gritos y palabras entrecortadas, que había habido un asesinato. Pronunciar la palabra “asesinato” le dolió más de lo que pudo haber imaginado. Era aceptar una verdad, declarar un hecho, firmar un contrato. Era clavar el último clavo en el ataúd de su mujer.
Desde que iniciaron los secuestros, las autoridades del pueblo estaban exaltantes a cada llamada de emergencia, pues cualquiera de ella podría representar una nueva evidencia del caso que a todos afligían. Es por ello que no tardaron en reaccionar ante la llamada del hombre desesperado, y en cuestión de minutos ya estaban en su casa, llevándose detenida a la mujer y tratando de interrogar a quien los había llamado. Aunque este tenía poco que ofrecer y se limitaba a llorar a moco suelto.
Todos se veían atónitos unos a otros al presenciar la imagen que se mostraba de la casa. Con una mujer, aun estupefacta, responsable de todo, que no se negó al ser arrestada y accedió como si estuviese siendo invitada a una velada romántica por un hombre particularmente atractivo. Más se sorprendieron los oficiales cuando la interrogaron y escucharon sus razones. Convencida, Amanda Soler gritó una y otra vez que su víctima, la buena de Anabella Mendoza, era en realidad la secuestradora de todos esos chicos desaparecidos, en compañía de su esposo. Les habló de sus sospechas, de sus extrañas llegadas a la casa con lo que ella denominaba de “exceso de comida”, del ruido proveniente detrás de la puerta y de los muchos juguetes esparcidos por toda la casa.
“¡Y ellos no tienen hijos!” gritó, como si eso sentenciase el asunto.
A pesar de sus pruebas “concluyentes”, Amanda fue culpada de asesinato, puesta tras las rejas y alejada para siempre de su hijo. Pues hasta ese momento solo había un detalle claro: Era una asesina. Del destino de su hijo poco se supo; y en realidad, nadie preguntó.
La policía investigó, por supuesto; una pista era una pista, sin importar que viniese de una loca desequilibrada. Y con lo desesperados que estaban, hubieran de buen agrado aceptado cualquier pista aunque esta viniera de un perro parlante.
La investigación inició, siguiendo todos los rigurosos procedimientos. Como era de esperarse, la historia de Amanda Soler se derrumbaba a cada paso que deban dentro de la casa. Un punto particularmente interesante de su relato, eran esos golpes que había odio al otro lado de la puerta. Esos que la hicieron estremecerse y estuvieron a punto de hacerla regresar gritando a su hogar; en cierto modo, ojalá eso hubiese hecho. Los oficiales no tardaron en atravesar la puerta y descubrir el origen del alboroto: Un perro. Ni más ni menos. Un Golden Retriever castigado en un encierro por sus travesuras. Pero que había sufrido de una penosa enfermedad, años atrás, que lo había dejado mudo, haciendo que sus ladridos fueran poco más que gemidos entrecortados, silbidos de tilde cómicos.
Un simple interrogatorio con Aarón Barroso bastó para resolver el resto de las incógnitas. Pobre hombre, en verdad: Los mejores días de su vida se vieron terminados por un disparo, cuando por fin se veía a sí mismo en el paraíso de la dicha con su mujer. Al ser interrogado, el hombre lloraba y suplicaba a un Dios ausente. Apenas se entendían sus palabras, ahogadas en sollozos descontrolados. Los oficiales, con obvia conmiseración, le sacaron lo necesario y lo dejaron manchar, dando tumbos y golpeteos a paso lento, como quien se dirige a la horca.
¿Por qué había tanta comida y tantos juguetes? Una sola respuesta para dos preguntas: Tres niños venían en camino. Anabella Mendoza estaba embarazada. Bendecida con trillizos, la pareja no cabía en su gozo y sus días no podían ser más perfectos. Aunque, sin estar ajenos a su situación económica; no desfavorable pero si ajustada, decidieron ahorrar desde el primer día, comprando lo necesario, para recibir a sus futuros hijos con la dignidad que merecen. Así pues, entre ganancias y pérdidas, compraron comida que no se marchitaría para tenerla ahorrada. Compraron juguetes y recibieron regalos de parte de familiares para garantizar la diversión de sus niños. Al no tener acomodado el cuarto de ellos aún, los colocaron desordenadamente en la sala; después de todo ¿qué les importa el desorden? ¡Iban a tener trillizos! Lo triste del recuerdo sobresale al remarcar la palabra “iban”, pues los tres bebes murieron con su madre. Aarón tuvo que regresar a un hogar vacío, acompañado de los juguetes de unos hijos que jamás llegarían.
Amanda fue condenada en el acto.
Vayas ironías del destino, tan acerbo, tan ignoto. El engorro de Amanda Soler se convirtió en un simple chisme que, a su vez, aumentó el grado de pánico de cada residente de Guares. Ya no solo había que cuidarse de una aparente figura demoniaca, sino además de tus propios vecinos; esos con lo que compartiste comidas y meriendas. Esos que invitaste a las fiestas de tus hijos. Tal vez los mismo compañeros que ves cada mañana y les das un buen día al verlos pasar. Los que a tu lado, te acompañaron a colgar loa adornos de navidad. Ya nadie era confiable.
La policía del pueblo trato de ser lo más pragmática posible, ¿pero cómo lograrlo? Ellos también estaban asustados. Buscaban con desesperación pruebas que pudiesen guiarlos por el camino correcto, pero estas los eludían y se burlaban de ellos como si de un mal chiste se tratase. El malnacido seguía allá fuera y Amanda Soler era la menor de sus preocupaciones. El bastardo estaba ganando la lucha, por no decir la guerra., Prueba de esos eran los sesos esparcidos de su antiguo jefe tras volarse la cabeza de un cañonazo, en la mayor muestra de derrota que se hubiese visto jamás en el pueblo.
Por si fuera poco, los residentes de Guares perdían poco a poco la paciencia. Ya no aguantaban a sus negligentes fuerzas de la ley, y más de uno se armó de valor para lanzarles huevos en la comisaría, para gritarles insultos en la calle, para abuchearlos o para exigir el inmediato despido del grupo de idiotas que no eran capaces de encontrar a un simple secuestrador. ¡No eran una tropa, por dios! Era un maldito y simple secuestrador que los burlaba a todos.
Se veía los contritos que estaban los oficiales en sus ojos. Lo perdidos que estaban y la poca esperanza que albergaban. Ya nada podían hacer. En Guares todos comenzaron a llevar armas a escondidas, algo inaudito en un lugar tan pacifico. Las miradas de soslayo y desconfianza se volvieron tan comunes como el ulular de las aves.
En un intento desesperado, digna jugada de un perdedor, los oficiales y la alcaldía dictaron lo que era un acto de rendición, en cierto modo: Se prohibía a todo chico menor de edad trausentar las calles sin compañía de su representante. Tenía su lógica ¿no? No iban a encontrar al secuestrador ni a los niños desparecidos, eso es axiomático, así que por lo menos debían evitar que desaparecieran más… ¿no?
La noticia fue recibida con tal indignación, que todas las cabezas empezarían a rodar por el ayuntamiento; desde el cargo más pequeño hasta el más alto. Y a pesar de eso (y esto no hace más que evidenciar el desesperado estado del pueblo) la medida fue aceptada, y como si Cristo hubiese llegado para llevárselos, los niños desaparecieron de las calles en un soplo de aire.
Un viento de tristeza recorrió el pueblo de esquina a esquina. Los columpios se mecían a un lado, llevados por la nada, chirreando en cada movimiento sin que les diese vida una fuerza ajena. Los balancines recopilaban oxidación en cada día, al igual que  la red del aro del campo de básquet colgaba inerte en espera de alguien que la utilizase. Las escuelas, antes tan llenas de vida dentro de ellas, se convirtieron en edificios fantasmas aterrorizados por el silencio de sus frías paredes de cemento. Pizarrones en blanco, manchados de mugre, cubiertos polvo.
Ninguna risa se escuchaba en las calles, ningún llanto de un niño problemático al ser regañado, ninguna carcajada o muestra de afecto de parte de un pequeño hacia su padre cariñoso. Nada. Guares estaba ausente de su alma
Las sombras parecían cubrirle. O en especial, una sola sombra. Un larga y oscura que le recorría todos los polos adentrándose en los corazones de sus inquilinos, apretándolos, aterrorizándolos, destruyendo sus latidos. Una sombra de un ser maligno y demoniaco en espera de su siguiente víctima, la cual tarde o temprano llegaría pues no existía salvación alguna. Todos estaban condenados. Un ser Lovefcraniano se apoderó de Guares y su malacia no conocía límites. Pennywise se arrodillaría ante él. Hannibal mostraría su reverencia. La simple espera para saber sobre la siguiente desaparición era, en sí misma, una tortura. Tu hijo podría ser el siguiente, o el hijo de tu vecino, o  tu sobrino, o tu nieto. Sería atrapado por el demonio y llevado al infierno para ser torturado quien sabe cómo y quién sabe por qué. ¿Y el culpable? Tal vez tu compañero de trabajo, tu vecino, tu mejor amigo. Dios, hasta tus familiares entraban en la categoría.
O tal vez, y solo tal vez, en verdad se tratase de un espectro omnipresente, albergando el todo y la nada a la vez, ajeno a nuestras leyes, ejerciendo su metafísica existencia en un espacio tridimensional de su absoluta pureza
Una certeza estaba clara: En Guares todos esperaban un milagro.

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El final de Demonios Terrenales se acerca, ¿qué crees que sucederá? Deja tu teoría en los comentarios. Sígueme en mis redes sociales: Facebook  y Twitter  y comparte, te lo agradecería mucho

¡Gracias por leer!

10 comentarios:

  1. Paranoia, maldita paranoia y sugestión... una noticia muy, pero muy triste lo de Anabella, así sucede en varias partes del mundo, cuando a una persona por fin le colman de dichas y bendiciones todo se cae. Es como si esas dichas fueran la ultima cena del sentenciado a morir u.u
    No quiero ver el final, es decir, quiero un libro de esto :D
    Un abrazo mi estimado John.

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    1. Jajajajaja lamento decepcionarte. Tal vez en un futuro alargue la historia, pero ahorita estoy concentrado en otro proyecto. Nada más y nada menos que en mi primera novela :3. De todas formas, espero que disfrutes lo poco que le resta a la historia xD

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  2. Que gran capitulo, ya sentía yo que era muy fácil que los culpables cayeran a manos de una vecina, me ha dado un poco de tristeza por el marido. En verdad quiero leer como acaba esta historia.
    Un beso y un abrazo y espero la siguiente parte:)

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    1. Jajajajaj hubiese sido un final muy vacio. Ya falta poco para el final y espero que te guste. Muchas gracias por leer :3

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  3. Hola! Creo que hace bastante que no te comento pero es que he estado sin tiempo, lo siento, así que aquí me tienes leyendo un día más. Como siempre te digo me encanta tu forma de escribir y esta vez no te has quedado atrás para nada. No voy a aventurarme a hacer teorías por si acaso acierto jajaja pero que sepas que tengo muchísimas ganas de seguir leyendo, consigues totalmente engancharme.
    Un beso :)

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    1. Jajajajaja no te preocupes, yo también ando bastante ocupado. Creo que nos urgen seriamente unas vacaciones. Que bueno que disfrutaras la lectura. Gracias por pasarte :3

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  4. Hola! A pesar de tenerte abandonado, quiero que sepas que ha sido por los estudios y tal. Ya lo comentamos por twitter y bueno, ya me tienes de vuelta. Me estoy poniendo al día.

    Me encanta mucho este nuevo capítulo... Huele a final y en parte no quiero, aunque a la vez tengo mucha curiosidad de saber cómo termina, sabes? Otra vez me has sorprendido y estoy ansiosa por ir corriendo al siguiente post y leer la continuación.

    Un besazo enorme!

    PD: Lo mejor de julio lo subo a comienzos del mes de julio en este caso porque es lo que quiero que disfrutéis este mes. En realidad es mi mejor de junio, pero me entiendes no? Un beso ^^

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    1. Se me olvidada, mi teoría no quiero decirla... Prefiero sorprenderme, porque siempre he tenido el "don"? por así decirlo... De adivinar cada vez que tengo una teoría, por lo que no quiero intentarlo jajajaja Sería gracioso adivinarlo, aunque te veo capaz de cambiar el final y decir: pues no, lista. Ya no jajaja ;) Es broma

      Un saludo, amigo mío!

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    2. Ajajajajaja no te preocupes, amiga. Yo también he estado muy ocupado; no te preocupes por eso. Me encanta tenerte comentando y que te siga gustando :3.

      Jajajajaja no cambiaría el final, pero entraría en depresión profunda por previsible... Okno xD. Espero poder sorprenderte y si al final tu don te hizo adivinar, me lo dices xD Lo tomaré como un reto xD.

      PD: Ahhh ya entendí, no lo había captado xD

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  5. Para mi que tu historia esta basada en un México cualquiera XD Casos similares a esto hay muchos, una persona con paranoia extermina a otra que por "mala suerte" encaja con las hipótesis de dicho loco.
    Buena vibra Bro!

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